El reto del asiento del medio

Por: Ana Gamboa Quesada | Periodista & Especialista en Turismo y Eventos

Viajar es siempre una oportunidad de aprendizaje. Y a veces, los retos más pequeños —como sentarse en el asiento del medio de un avión— nos invitan a reflexionar sobre algo mucho más grande: cómo percibimos las experiencias y qué hacemos como profesionales del turismo para transformarlas.

En un curso reciente de pensamiento productivo y creatividad conocí un caso interesante: una aerolínea que buscaba cambiar la percepción negativa de este asiento tan poco popular. Me hizo pensar en la responsabilidad que tenemos, tanto las aerolíneas como las agencias de viajes, de acompañar a los pasajeros no solo en la logística de un trayecto, sino también en su vivencia emocional del viaje.

El rol de las aerolíneas y las agencias

Algunas compañías han implementado medidas como rediseñar asientos, ofrecer beneficios adicionales o incluir incentivos especiales para quienes viajan en el medio. Son esfuerzos válidos, pero no siempre suficientes.

Desde las agencias, nuestra labor va más allá de asignar un lugar en el avión: se trata de orientar con empatía, transparencia y creatividad. No siempre podemos evitar que el cliente ocupe ese asiento, pero sí podemos ayudarle a re-significar la experiencia.

De la incomodidad a la posibilidad

En lugar de ver el asiento del medio como un obstáculo, podemos invitar a descubrir sus virtudes:

  • Conexión: es un punto ideal para iniciar conversaciones, que en ocasiones se convierten en amistades o incluso contactos profesionales.
  • Acceso equilibrado: con un permiso de distancia, se puede llegar tanto al pasillo como a la ventana.
  • Perspectiva positiva: es una oportunidad para ejercitar la paciencia, la adaptación y la creatividad durante el trayecto.

Una invitación a cambiar la mirada

El asiento del medio es más que un lugar en un avión: es una metáfora de los viajes y de la vida misma. No siempre tenemos el control total de cada detalle, pero sí la capacidad de elegir la actitud con la que los enfrentamos.

Mi invitación, como profesional del turismo, madre viajera y apasionada por diseñar experiencias con propósito, es esta: viajemos con mentalidad abierta, encontremos valor incluso en lo incómodo y recordemos que cada trayecto —sea en pasillo, ventana o medio— nos acerca a nuevas experiencias y aprendizajes.

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